miércoles, 3 de octubre de 2012

Quebrando una lanza por la tolerancia

En las últimas horas se especuló mucho cuando Gendarmería  Nacional se plegó al reclamo salarial de Prefectura. He leído en diferentes redes sociales las opiniones que oscilan entre lo ingenuo y lo descabellado sin escala. Por eso desde mi humilde lugar de educadora llamo a la reflexión y a la tolerancia. Han acontecido situaciones para nada felices para el pueblo Argentino pero en los últimos tiempos la barrera entre la simple distinción de un sector y otro se ha quebrado en un etiqueta-miento peligroso; los adjetivos de nuestro lunfardo que usamos de tiempos inmemoriales  dejaron de ser palabras para ser cuerpo. Gringo, negro, cheto, groncho, puta, puto, pobre, rico, y ahora resurge también el adjetivo gorila en contraposición a los anti- peronistas.
Este tipo de "etiquetas" que rotulan a las personas de una manera denigrante, se hace cuerpo cuando se imprime violencia y odio que es alimentado de todos los sectores, porque todos somos parte del mismo pueblo, y todos somos responsables en menor o mayor medida del crecimiento de ese odio que definitivamente nos enemista con nuestros hermanos de patria. Un soldado, un policía es también una persona con derechos para reclamar un sueldo digno, como lo son los docentes, los médicos, los empleados públicos, los empleados de comercio, etc. Todo trabajador tiene el derecho de reclamar lo que le corresponde, lleve el uniforme que lleve; eso no lo convierte en un golpista.
Es nuestro deber como ciudadanos respaldar la democracia con nuestros actos, y en este momento tan crítico para nuestro país es primordial que comencemos a erradicar de nuestro lenguaje los epítetos que ofenden, denigran, y dividen a los ciudadanos en fracciones que no deberían existir.
El mejor ejemplo que podemos dejarle a las generaciones más jóvenes que son los que hoy escuchan todo nuestro discurso selectivo, es un lenguaje digno de una sociedad civilizada. Ese lenguaje, esa palabra es la que nos permitirá vivir bajo la bandera de la TOLERANCIA.
                                                                                                 Mabel Ruiperez