lunes, 12 de septiembre de 2016

Máximas y Reflexiones



1. Para el correcto vivir:
Máxima número uno: “No solo hay que ser decente sino, además parecerlo” – mi nona.
Que grande la nona, menos mal que está en el paraíso, pues si supiera que ya no hay decencia, que se extinguió hace décadas, y que lo que parece ser no es y lo que es no parece nada, y lo que era sigue siendo pero al revés... muy complicado.

Máxima número dos: “Siempre que llovió paró” – algún optimista que jamás sabrá que su dicho sé convirtió en vox populi.
Es una frase que se usa no precisamente cuando realmente llueve y después para, sino cuando todo te va mal y tus amigos no saben que decirte, te dicen eso, lo cual te sirve de poco, además la lluvia no es sinónimo de algo malo, a menos que provoque inundación, pero ahí no se cumple la regla, porque si se inundó es porque no paró.

Máxima número  tres: “Esto también pasará”- mi nona.
Pero ¿cuándo?

Máxima número cuatro: “El trabajo dignifica”- todos

¿En qué época fue eso?, ¿En la del australopitecos? No creo que los vecinos bolivianos, ilegales, piensen lo mismo.

Máxima número cinco: “No somos nada”- frase que se dice cada tres o cuatro minutos y  a veces en forma simultanea por varias personas, en un velorio.
Mentira, somos, hombres, imagino que inconscientemente lo que queremos decir es que no somos Dios, porque si lo fuéramos podríamos evitar la muerte y el dolor. Ilusión del hombre moderno y sus descendientes, o sea, nosotros, como buenos contemporáneos que somos, fuimos entrenados para el placer pero no para el dolor, entonces es mejor decir que no somos nada, así evitamos la responsabilidad de darnos cuenta que por más que hayamos dominado la naturaleza, y hagamos crecer lechuga en un frasco de ensayo, el alma no es bicho de laboratorio, el soplo de vida te la da Dios y también te la quita, no hay mas pruebas de su existencia que esa... es decir la Fe.



2. Para no ser un gil:
Máxima número seis: “La experiencia no es patrimonio de quien más vive, sino de quien mejor observa”- la decía siempre mi tío, aclarando que no era de él.
Es la máxima que más quiero, es genial, precisa, humilde, mi tío sabía traducirla al lenguaje simple para quienes no la entendieran de entrada, como yo, y decía “uno puede ser viejo, haber vivido mucho y seguir siendo un idiota”.  Y “observar” era entender, querer, abrir los ojos, agradecer, callar cuando fuera preciso, hablar lo necesario, escuchar, aprender...

Máxima número siete: “Uno es esclavo de sus palabras y amo de sus silencios”-: también la decía mi tío, parafraseando a otro.
Y es cierto, yo soy un clásico ejemplo de abrir la boca y meter la pata, mi tío sabía decirme, “hablas más rápido de lo que pensas”, me jodía un poco saber que era cierto, los mayores errores de mi vida los cometí de palabra y no de hecho, lo cual es peor, me parece mas saludable meterle una trompada a alguien que herirlo con la voz, porque los moretones se van pero las palabras se quedan para siempre en el corazón de los que amas. Y uno siempre lastima a quien más quiere.

Máxima número ocho: “A los amigos cerca y a los enemigos más cerca”-  lo escuche en una película.
Máxima peligrosa de cumplir, porque si uno tiene los enemigos muy cerca corre el riesgo de encariñarse, pero si el cariño no es correspondido, estás frito, pues ellos aprovecharan tu sensiblería para hacerte papillas. Y los amigos no entenderán tus actos. Llegará un momento que no podrás distinguir cuales eran unos y cuales eran los otros. Embrollo del que se sale muy pocas veces con vida. Moraleja: no tengas muy cerca  a ninguno de los dos.

Máxima número nueve: “La esperanza es lo último que se pierde”-  de gente que no tienen nada para decir.
De este tipo de personas hay que desconfiar seriamente, porque cuando te lo dicen es porque estas en el horno y no son capaces de decirte que ya perdiste todo lo demás, pero como la esperanza es lo último que se pierde... desconfíen de mí.

Máxima número diez: “¿Qué te  dije yo?”- mi madre, y supongo que todas las madres del mundo

Hay variantes de esta frase como “te lo dije”, “ves que no me escuchas”, lo peor es que te lo dijo con precisión de cirujano, le acierta al clima, cuando te dice lleva abrigo... llevalo. A los engaños los ven venir antes de que te pongas de novia, olvidate del nabo que tu madre le hizo cara de sospecha. A los fracasos futuros, no te metas en un curso de bonsái cuando te diga: “eso no es para vos”. Porque es cierto no es para vos, que se te seca el potus de plástico. Las madres son un misterio... maravilloso por cierto, te conocen desde el día que naciste mejor de lo que vos te conocerás en toda tu vida.
Lo bueno es que si tenes suerte serás madre y tomarás revancha, y un día te darás el gusto de estar en pantuflas parada en la cocina con le cucharón en mano como bastón de mando y serás vos quien diga con orgullo:”te lo dije”.

Máxima número once: “El que se encariña con cosas materiales siempre me pareció un imbécil”- mi tío.
Y es cierto, y eso que yo a veces me confundo y me escucho diciendo “a este anillo lo quieeeerooo”, en realidad las cosas materiales (y mas las cosas regaladas) nos recuerdan un momento especial, una persona especial... pero es muy indecoroso no desprenderse de cosas realmente espantosas, como la primera muñeca que ya no tiene cabeza, la silla que devino en maceta y está en el fondo del patio, el enanito de jardín que quedó eunuco con el último pelotazo... en fin... cada casa es un universo de este tipo de cosas.



3. Para poner en práctica:

Máxima número doce: “Un día sin risas es un día perdido”- Charles Chaplin.
Esta es una maxima mia también, que hace muchos años prometí cumplir y reírme un poquito cada día, debo confesar que he roto mi promesa  un millón de veces, pero que sigue siendo la intención con la que me despierto cada día, porque la risa cura, hasta las heridas mas profundas, no en vano la dijo un hombre que vivió de manera controvertida pero hizo reír a generaciones completas. El humor finalmente es tal vez lo que nos diferencia de todos los seres. Siempre pensé que era la inteligencia y tal vez lo sea, pero reírse y sobre todo de uno mismo es sin duda el sello humano de la madurez alcanzada con dignidad. Salud!!! A los que a pesar de todo se ríen.






                                                               Por Mabel Ruiperez